Centro Habana es una sinfonía de pregones, pasos apresurados y ecos que rebotan en fachadas detenidas en el tiempo. Pero entre el bullicio de sus calles, hay un sonido más profundo que está ganando terreno: el de una generación de mujeres que no sólo interpretan la música, sino que están aprendiendo a dirigir su destino. En el corazón de este ecosistema, Anahi Saura, una joven trombonista y estudiante de musicología, trabaja para que la industria musical cubana sea un escenario de equidad.
Para Anahi, la música fue el idioma de su infancia, una herencia de padres melómanos que la llevó al conservatorio y a abrazar el trombón como una extensión de su propia voz. Hoy, a sus 21 años, su nombre resuena en espacios de alta responsabilidad como el comité organizador del Jazz Plaza y el comité consultivo del Cubadisco, importantes festivales de la música en Cuba. Sin embargo, su mayor pasión no está sólo sobre el escenario, sino en la gestión de herramientas que empoderen a otros.
El proyecto Zonas Creativas, financiado por la Cooperación Italiana y gestado, en el caso de Centro Habana, por la OSC italiana CISP[1] y por el CIERIC[2], impulsa el talento de jóvenes y mujeres en las industrias culturales a través de la formación y el trabajo en red.
Desde La Casa Producciones, una casa productora audiovisual independiente con sede en La Habana con un enfoque particular en el apoyo al desarrollo de la industria musical cubana, Anahi coordina talleres que acercan el conocimiento de la industria musical a artistas de la zona que, muchas veces, carecen de formación académica o de los recursos para insertar su talento en circuitos profesionales.
Anahi observa con lucidez las aristas de su sector: mientras que en la gestión y producción las mujeres suelen liderar y «hacer que todo funcione», en el rol de instrumentistas o líderes de banda el camino sigue siendo empinado y lleno de prejuicios. “Hace falta que nos vean como iguales”, afirma, “no que tocas bien para ser mujer, sino que eres un buen músico a secas”.
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Esa es la esencia de la red que Anahi ayuda a tejer: una red donde la formación técnica es el puente hacia la autonomía. Ella se define como la «madre del grupo», esa figura que cuida, organiza y asegura que sus colegas talentosos alcancen sus sueños. Al involucrarse en la producción y coordinación de los talleres del proyecto Zonas Creativas, Anahi no solo está compartiendo saberes sobre contratos o distribución; está construyendo una plataforma de resistencia contra la misoginia y el desconocimiento que a menudo frena las carreras femeninas en la música popular.
El mensaje de Anahi para las niñas que hoy sueñan con un instrumento es claro: estudien, no se dejen encerrar en moldes preconcebidos y mantengan la pasión intacta.
El talento no tiene género, pero las oportunidades a veces sí. En Centro Habana, la música ya no solo se escucha; se gestiona y se comparte en red para que, al final, el talento sea lo único que determine el alcance de una nota.
Esta historia forma parte de la Campaña “Redes para la Equidad de Género”, promovida por AICS La Habana, apoyada por la Embajada de Italia y las organizaciones socias del proyecto Zonas Creativas.
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[1] CISP-Sviluppo dei Popoli, OSC italiana.
[2] (Centro de Intercambio y Referencia Iniciativa Comunitaria – CIERIC).

