En medio de un escenario desafiante, marcado por los efectos del cambio climático y la contingencia energética, la Unidad Empresarial de Base (UEB) Victoria de Girón de Campo Florido, en La Habana del Este, sigue impulsando el cambio.
De la mano del proyecto de la cooperación italiana AgroBúfalo, desarrollado por la AICS junto a ACTAF y el programa PAAS, esta entidad estatal demuestra que la ciencia, la tecnología y el acompañamiento a los contextos locales son las claves para garantizar el futuro de la producción de alimentos.
Al frente de esta estructura que agrupa a 155 trabajadores se encuentra Yuliet Caballero Reina, su directora. Hace 21 años, Yulieth tomó una decisión que cambiaría su vida por completo: dejó atrás su trabajo de enfermera en la ciudad para regresar a Campo Florido, demostrando que su verdadero lugar siempre estuvo en el campo. Hoy, lidera con paso firme una producción ganadera centrada en la cría de búfalos de las líneas genéticas más importantes del país.
«Liderar una unidad con tantos trabajadores, enfrentando los efectos del cambio climático y la contingencia energética, es un reto diario. Aquí, las mujeres dirigimos los procesos clave y formamos un equipo que empuja con fuerza. No dejamos a nadie atrás. Es esta unión, junto a proyectos como AgroBúfalo, lo que nos da la fuerza para seguir adelante por nuestra tierra y nuestra comunidad», afirma Yulieth.
La ciencia aplicada a la ganadería bufalina
La UEB es una entidad netamente ganadera cuya línea fundamental es la producción de leche y el desarrollo de animales genéticos de la especie bubalina. Su infraestructura comprende 13 unidades, de las cuales ocho son lecherías y el resto se distribuye entre un Centro de Desarrollo para la promoción de sementales y un centro de ceba.
En estas áreas se manejan rigurosamente cinco líneas genéticas de la especie bubalina con el fin de mantener un fondo homogéneo y multipropósito y contribuir con la mejora de la especie en el país. Debido a las características del clima tropical, el manejo reproductivo es estrictamente estacionario para aprovechar las pasturas de la primavera, con ciclos de parto anuales y periodos de lactancia controlados de aproximadamente nueve meses.
La llegada de AgroBúfalo ha permitido introducir mejoras tecnológicas cruciales para optimizar estos procesos, con resultados tangibles en el corto y mediano plazo:
- Sistemas de acuartonamiento: La delimitación de perímetros y la adquisición de alambre permitieron implementar un sistema eficiente de rotación de potreros. Esto no solo garantiza una adecuada alimentación del animal, sino que evita la degradación, favorece la conservación de los suelos y evita la afectación de los animales por el parasitismo.
- Áreas de compensación forrajera: Se recuperaron áreas destinadas a la siembra y corte de forrajes, que se proporcionan a los animales previamente procesados con las moledoras adquiridas por el proyecto para así facilitar una mejor alimentación del ganado, integrando el pastoreo diario.
- Avance genético: Como resultado de la mejora en el manejo, la nutrición y el destete, la Comisión Nacional de Genética evaluó y promovió este año 22 sementales de alta categoría, criados y desarrollados en las propias unidades de la UEB.
Cooperación que acompaña la realidad local
Para Yulieth, la clave del éxito del proyecto radica en la sinergia entre los recursos externos y las capacidades de la empresa. El apoyo internacional ha sido efectivo porque se ha diseñado desde la premisa de acompañar los contextos locales, entendiendo sus dinámicas reales en lugar de imponer fórmulas preestablecidas.
Uno de los impactos más notables y emotivos de esta cooperación ha sido la solución al abasto de agua. La sequía extrema había reducido los mantos acuíferos a tal punto que el 50% del hato debía ser abastecido mediante camiones cisterna (pipas).
Gracias al proyecto, se instaló un sistema de bombeo con energía renovable mediante el empleo de paneles solares en una de las vaquerías de referencia, además de lámparas solares que garantizan iluminación y seguridad durante las interrupciones eléctricas. Asimismo, se logró la instalación de una conductora de agua de más de 3 kilómetros desde la red principal de Aguas de La Habana.
«Una de las cosas que tuvo un impacto que no les puedo explicar, porque no tengo palabras para decirlo, es la conductora de agua que se logra hacer. Se beneficia la vaquería y se benefician todos los trabajadores, inclusive una comunidad vecina que no tiene que ver con nuestra instalación. Logramos que el agua llegara hasta aquí, donde antes no llegaba», relata la directora conmovida.
Impacto económico y social: El valor de la comunidad
Los números avalan el impacto productivo de esta transformación tecnológica y organizativa. Antes de iniciar las acciones del proyecto, los rendimientos lecheros de la UEB oscilaban entre los y litros diarios por búfala; hoy, las entregas ya superan de manera sostenida los litros por animal como promedio.
Al operar bajo la modalidad de colectivos laborales —uno de los nuevos modelos de gestión económica del país—, el incremento productivo se traduce directamente en beneficios financieros para los trabajadores. Al aumentar los litros de leche y la venta de animales genéticos, los ingresos de la entidad crecen y se redistribuyen en mejores salarios para las familias de la zona rural que sostienen la UEB.
Para Yulieth, vivir en armonía con la naturaleza y rodeada de animales es la realización de un sueño. Hoy lidera la unidad bajo la premisa de que la diversificación es la clave de la sostenibilidad. Con este enfoque, se promueven cultivos forrajeros como heno, caña y King Grass para garantizar la nutrición de las búfalas, a la par de cultivos de yuca y otros vegetales destinados al autoconsumo familiar. Esta estrategia fomenta la economía circular y genera ingresos mediante producciones rentables; una lógica co-diseñada junto a los actores del proyecto que hoy se traduce en desarrollo sostenible dentro de los escenarios productivos.
Hay que recordar que, la cría del búfalo en Cuba se introdujo en la década de los años 80 del siglo XX y actualmente se encuentran distribuidos en las 15 provincias y en el municipio especial Isla de la Juventud con más de 90.000 cabezas. Esta especie se ubica entre las de mayor tasa de crecimiento en el país y con grandes potencialidades para ofrecer alimentos de alto valor biológico dirigido fundamentalmente a sectores vulnerables de la población cubana.
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