El café es uno de los productos más icónicos y preciados de la cultura y la economía cubana. Desde su introducción, ha sido uno de los principales bienes exportados por la isla. Ya en 1830, Cuba se encontraba entre los principales países exportadores de café en el mundo, y en 1961 alcanzó su récord de producción con 60.000 toneladas. A partir de ese momento, sin embargo, la producción comenzó a declinar debido a diversos factores, entre ellos ambientales, sociales y económicos. En este contexto, los proyectos de cooperación han desempeñado un papel fundamental, con diferentes instituciones que, en el oriente cubano, se han comprometido a revitalizar y modernizar el sector cafetalero.
“Entre todos los proyectos de cooperación que hemos llevado a cabo en los últimos años, uno de los más relevantes es MásCafé —explica Pedro Pablo Henry Torriente, director del Instituto de Investigaciones Agro-Forestales (INAF)— financiado y liderado por la cooperación italiana en apoyo a una producción sostenible del café, con un enfoque que conjuga ciencia y agricultura sin dejar de lado la dimensión generacional y de género”.
Desde hace más de diez años, la producción de café representa uno de los principales desafíos para la cooperación italiana en Cuba, involucrando no solo al mundo científico y a los operadores agrícolas, sino también a actores privados del sector. El apoyo al sector, orientado a la recuperación de la producción y a la valorización del café mediante la adquisición de tecnologías e infraestructuras, no se ha limitado a un objetivo exclusivamente económico. La AICS (Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo), en colaboración con el Ministerio de la Agricultura cubano, el equipo de investigación del Instituto de Investigaciones Agro-Forestales y el Grupo Empresarial Agroforestal (GAF), ha puesto en marcha un programa decenal de formación dirigido a todos los actores del café en el ámbito productivo, académico y científico, en 9 provincias del Oriente cubano.
Entre los objetivos formativos destaca el dedicado a la nueva generación de catadores de café, ya que muchos de los profesionales más experimentados se encuentran jubilados. El programa está formando a un grupo de 33 catadores, que ya ha participado en numerosas actividades en Costa Rica, Cuba, Colombia e Italia.
“La figura del catador es esencial, porque garantiza y acompaña la calidad del café en cada fase del proceso. Para mí, las capacitaciones del proyecto tienen un valor enorme, no solo por los conocimientos adquiridos, sino también porque nos permiten transmitir estos conocimientos a los productores, que son la base y el motor de la cadena del café. Esto contribuye no solo a aumentar los volúmenes de producción, sino, lo que quizás sea más importante, a mejorar de manera sostenible la calidad del café cubano”, subrayó George Rodríguez Suárez, analista del proceso del café del centro de procesamiento Alto Serra de Guantánamo.
Desde el punto de vista científico, el programa ha desarrollado importantes investigaciones para erradicar las plagas que amenazan la producción: se han reforzado los laboratorios y se han proporcionado herramientas, además de promover los injertos, lo que ha conllevado un aumento en los niveles de empleo de las mujeres en las comunidades de montaña (150 mujeres involucradas en los centros de producción de injertos).
En Cuba, la actividad cafetalera se desarrolla principalmente en las zonas montañosas, que son las áreas menos pobladas y con un desarrollo inferior al resto del país. En las montañas viven solo 700 mil personas: el 6% de la población total de la isla. En este contexto, la atención a los pequeños productores y a las pequeñas productoras es fundamental.
“En estos años, nosotras, las productoras, hemos aprendido mucho sobre prácticas agroecológicas a través de los espacios formativos ofrecidos por el proyecto MásCafé en los que hemos participado gracias a la AICS, y es realmente gratificante saber que las mujeres de las montañas no hemos sido olvidadas”, declaró María Elena Díaz Gómez, productora de Tercer Frente (Santiago de Cuba), durante un encuentro de capacitación.
Con más de 10.000 personas involucradas desde la base productiva, el proyecto MásCafé ha evolucionado de ser una simple iniciativa a un programa estructurado que ha contado con una inversión total de unos 4 millones de euros en los últimos 10 años, favoreciendo el diálogo entre el mundo de la ciencia y la producción, y alcanzando resultados concretos para la mejora de las condiciones de vida de las comunidades, la protección del medio ambiente y el bienestar del territorio. A pesar de mantener su enfoque principal en el café, MásCafé también ha promovido la diversificación de los cultivos autóctonos, un paso fundamental para garantizar la seguridad alimentaria y fortalecer la resiliencia ante el cambio climático. Solo en el último año, se han creado más de 280 huertos familiares, en los que se aplican prácticas agroecológicas para mejorar la sostenibilidad y la productividad local.









