La colaboración con las organizaciones de la sociedad civil (OSC) italiana es fundamental para nuestra estrategia de cooperación. Un año más, hemos entrevistado a representantes y cooperantes de las organizaciones que ejecutan proyectos con nosotros en Cuba.
Pedimos a Federico Mei y a Marco Boriglione que nos hablaran sobre la colaboración entre ARCS y AICS y que compartieran sus perspectivas sobre diversas cuestiones.

Entrevista a Federico Mei, Representante País de ARCS Arci Culture Solidali
¿Cuál es la relación entre ARCS y AICS? Habla de ello a través de los proyectos que ARCS ha gestionado en estos años en Cuba.
La Cooperación Italiana siempre ha apoyado los proyectos que nuestra OSC realiza en Cuba. ARCS obtuvo en 2010 el primer proyecto financiado por la DGCS (Dirección General para la Cooperación al Desarrollo), dirigido a fortalecer el programa de «Agricultura Urbana» de Pinar del Río. Se trata de un proyecto innovador, ya que a partir de ese momento se empezaron a experimentar en Cuba los primeros sistemas de riego alimentados con energía solar. Tras la apertura de la sede de AICS en La Habana en 2017, esta colaboración se consolida: ARCS, junto con las otras dos OSC italianas presentes desde hace años en el territorio, CISP y COSPE, se convierte en un punto de referencia para AICS en el proceso de identificación y realización de las intervenciones de cooperación en el país. Gracias a nuestra experiencia consolidada y a la competencia sectorial, hemos obtenido la gestión de proyectos en el sector cultura, «La Casa de Todos» (2020) y «Zonas Creativas en Matanzas» (2024), y en el sector de la transición ecológica con las «Comunidades Energéticas en Pinar del Río – Línea Verde», capitalizando los resultados obtenidos en el campo de las energías renovables.
¿Cuál ha sido el mayor desafío operativo al seguir estos proyectos en Cuba y cómo superaron las dificultades? ¿Cuáles son las lecciones aprendidas?
El principal desafío operativo ha sido la adaptación a un sistema de gestión profundamente diferente al europeo. Se optó por apostar por la plena sinergia con los socios locales en lugar de crear una estructura dentro de la ONG: valorar las profesionalidades cubanas ha garantizado confianza y fluidez operativa en proyectos complejos, asegurando una gestión más compartida de los objetivos comunes.
La lección más importante aprendida en estos años se refiere al valor de las relaciones humanas, que deben ir más allá de la simple redacción técnica de los proyectos. El éxito de las iniciativas depende de la capacidad de integrar las actividades operativas con una participación en la vida cotidiana de la comunidad. En este sentido, el enfoque multidisciplinario de ARCS, que une la cooperación con intercambios culturales y programas de servicio civil, se ha revelado fundamental para consolidar un diálogo sólido y duradero con el territorio.
En un contexto de transformación social tan intensa, ¿cuál crees que es hoy el papel más estratégico e indispensable que puede desempeñar un cooperante y, en general, ¿qué es la cooperación para ti?
Un cooperante es ante todo un intérprete, una persona que tiene la capacidad de leer el contexto local en transformación, aspecto que permite, por un lado, guiar a los socios locales en la identificación de las acciones proyectuales más eficaces, pero también facilitar la comprensión de este a las sedes centrales para garantizar un acompañamiento continuo en la realización de los proyectos. A menudo, de hecho, ha sido necesario ampliar nuestros procedimientos internos o «personalizarlos» para poder adaptarlos al país. Para mí, la cooperación aún tiene un sabor romántico: la idea de apoyar el esfuerzo de las personas por mejorar sus propias condiciones de vida te hace dejar de lado las grandes dificultades que uno se ve obligado a enfrentar también en la vida privada.

Entrevista a Marco Boriglione, Cooperante de ARCS Arci Culture Solidali
¿Cómo te convertiste en cooperante? ¿Cuáles son tus competencias especializadas que pones a disposición del contexto cubano?
Mi experiencia comenzó con el Servicio Civil con ARCS en Cuba y desde ese momento he continuado trabajando en el país, manteniéndome muy vinculado a las modalidades de cuidado y enfoque de trabajo que había encontrado. Venía de un recorrido académico de estudios antropológicos que para mí se reveló fundamental para sumergirme en un contexto caracterizado por un fuerte pluralismo sociocultural, donde considero que es muy importante el análisis, la investigación y la identificación de propuestas a partir de la escucha y la voluntad de establecer relaciones para trabajar juntos.
¿Cuál es un recuerdo o anécdota de tu trabajo en Cuba como cooperante?
Hay muchísimos. Si tengo que elegir uno, siempre me gusta hablar de las misiones arqueológicas que realicé con el proyecto Arqueo Cuba (financiado por la Cooperación Italiana). Haber estado a cargo de una campaña de excavaciones en un sitio aborigen rural, compartiendo el tiempo con especialistas y estudiantes italianos y cubanos, se reveló absolutamente formativo, por la riqueza multidisciplinaria y humana. Además, los momentos en que se extraían los hallazgos y la implicación de la comunidad local se encuentran entre las emociones más memorables.
El proyecto Zonas Creativas apuesta fuertemente por los jóvenes y el patrimonio: ¿cómo ves el futuro de esos espacios emprendedores/culturales una vez finalizada la intervención de la cooperación?
El futuro de los espacios emprendedores y culturales impulsados por el proyecto reside en la capacidad de traducir la formación recibida en autonomía de gestión. El objetivo es que estos espacios se conviertan en centros autosuficientes, capaces de generar ingresos e innovación de manera independiente. Gracias a las redes de colaboración establecidas (networking), los participantes en la iniciativa no estarán solos: tendrán acceso a un ecosistema de socios locales y a las herramientas necesarias para seguir creciendo.